Entrada del blog por Aula Virtual Administrador

Todo el mundo


Por: Patricio Ajila
Director "Estudios viruales"
Facultad de "Ingeniería Comercial"
Universidad de Guayaquil

 

 

 

 

EL CANTO DE LA CIGARRA” El día que olvidamos la Sociología

 

La sabia naturaleza que a diario nos acompaña, y que acompañamos cada vez mas a su final, nos muestra con el ejemplo en particulares seres, que los ciclos vitales son compartidos libretos con actores cambiantes pero en un mismo teatro. Quisiera ilustrar con esta corta metáfora, la relación de la sociología y la economía en esta época de cambios: Seguro el canto de la cigarra en alguna ocasión nos bajo de la rutina de un final de jornada o de un paseo por el campo, y si! Hay que reconocer que los tres primeros cánticos se llamaron sonidos, y que luego de eso los llamamos ruidos, y la tentación nos llevó a buscarlas para aplacar su repetido repertorio; los llamamos bichos y musarañas o cualquier título que muestre nuestro desprecio por su gestión descontrolada y molesta; pero hay algo que su cantar nos dice con insistencia a nuestros oídos sordos, este insecto que vive para cantar hasta literalmente abandonar la faz de la tierra, pasa más tiempo preparándose para la vida, que viviendo para existir. Pueden pasar hasta 17 años bajo la tierra en su etapa de ninfa, para luego hacer una aparición fugaz, con la finalidad de reproducirse, y luego de está misión, simplemente dejar de vivir; su canto es tan poderoso que incluso las intensas vibraciones o el agudo oído de sus depredadores los podría matar ; al mismo tiempo acerca a los machos a la pareja de su vida, siendo su canto finalmente el gestor de la vida y quien la podría exponer a la muerte, y aún con tan particular destino cada noche alguien le toma la posta.

 

La economía y el manejo del dinero, cada día se aleja de reconocer que a fin de cuentas son una ciencia social, que existe por la interacción del hombre con sus similares y el medio que los acoge, que caminan de la mano por un camino, que nos acerca a la vida y a la vez nos pone como prendas a la muerte. “Que regula los pueblos” según los sabios que mueven los hilos de la marioneta, que cada noche guardan en el baúl de la conveniencia y que se cierra con el candado de la indiferencia, “Que nos hará libres” con la abundancia de lo que nunca hemos tenido. Olvidemos entonces que la sociología no solo se puede estudiar cuantitativamente sino cualitativamente, que los conceptos de Neofuncionalismo nos invitan a dejar de pensarnos como estructuras vivientes que nos regimos a algo llamado sistemas, que funcionan por objetivos y no por el valor del recorrido y por la posibilidad de aprender a generar nuestros propios recorridos, ¿Qué sería de Moisés si en el éxodo hubiera llevado un economista de estos? Seguro lo hubiera pretendido revivir para que vea la tierra prometida y comparta “el logro del objetivo” , desconociendo que el recorrido es uno de los más grandes tesoros de la humanidad. Ante la indolencia colectiva, me pregunto: ¿Cómo seguimos pidiendo que la mano invisible de Adam Smith mejore nuestras vidas, en un mundo de 13,948 millones de manos?.

 

Cuando nos vemos como personas en un mundo de personas, es cuando realmente apreciamos el valor del dinero, abandonando la teoría de que el metal nos dará mas años de vida, ¿olvidamos entonces que un billete sólo tiene un tiempo de vida aproximado de cinco años? Y que el ser humano vive en promedio 70 años, y aún el billete más grande en su denominación jamás verá nacer y morir a un ser humano; con el ciclo de vida del ser humano evolucionamos en cuanto a el valor de las cosas, o al menos eso espero de quienes mañana nos verán como mentores.

 

Mejores economistas o administradores, no es sinónimo de mejores calculadoras humanas; amparados en medir su profesionalismo en función de acumuladores de riqueza denominados accionistas; mejores profesionales en relación estrecha de la nueva sociología , que abandona verdaderamente el “antiindividualismo” y “la oposición al cambio”, esa es la tarea de la Universidad de la era moderna, no justificarnos en la modernidad que nos ha dado vías de asfalto, gracias a las cuales hemos olvidado que nuestros caminar es trascendente, cuando aun en la más digital de las sociedades seguimos pisando en polvo, donde cada paso deja una huella, a la cual nos negamos a ver con el pretexto de que lo importante es el futuro, cuando ni siquiera notamos el presente.

 

La sabia naturaleza que a diario nos acompaña, y que acompañamos cada vez mas a su final, nos muestra con el ejemplo en particulares seres, que los ciclos vitales son compartidos libretos con actores cambiantes pero en un mismo teatro. Quisiera ilustrar con esta corta metáfora, la relación de la sociología y la economía en esta época de cambios: Seguro el canto de la cigarra en alguna ocasión nos bajo de la rutina de un final de jornada o de un paseo por el campo, y si! Hay que reconocer que los tres primeros cánticos se llamaron sonidos, y que luego de eso los llamamos ruidos, y la tentación nos llevó a buscarlas para aplacar su repetido repertorio; los llamamos bichos y musarañas o cualquier título que muestre nuestro desprecio por su gestión descontrolada y molesta; pero hay algo que su cantar nos dice con insistencia a nuestros oídos sordos, este insecto que vive para cantar hasta literalmente abandonar la faz de la tierra, pasa más tiempo preparándose para la vida, que viviendo para existir. Pueden pasar hasta 17 años bajo la tierra en su etapa de ninfa, para luego hacer una aparición fugaz, con la finalidad de reproducirse, y luego de está misión, simplemente dejar de vivir; su canto es tan poderoso que incluso las intensas vibraciones o el agudo oído de sus depredadores los podría matar ; al mismo tiempo acerca a los machos a la pareja de su vida, siendo su canto finalmente el gestor de la vida y quien la podría exponer a la muerte, y aún con tan particular destino cada noche alguien le toma la posta.

 

La economía y el manejo del dinero, cada día se aleja de reconocer que a fin de cuentas son una ciencia social, que existe por la interacción del hombre con sus similares y el medio que los acoge, que caminan de la mano por un camino, que nos acerca a la vida y a la vez nos pone como prendas a la muerte. “Que regula los pueblos” según los sabios que mueven los hilos de la marioneta, que cada noche guardan en el baúl de la conveniencia y que se cierra con el candado de la indiferencia, “Que nos hará libres” con la abundancia de lo que nunca hemos tenido. Olvidemos entonces que la sociología no solo se puede estudiar cuantitativamente sino cualitativamente, que los conceptos de Neofuncionalismo nos invitan a dejar de pensarnos como estructuras vivientes que nos regimos a algo llamado sistemas, que funcionan por objetivos y no por el valor del recorrido y por la posibilidad de aprender a generar nuestros propios recorridos, ¿Qué sería de Moisés si en el éxodo hubiera llevado un economista de estos? Seguro lo hubiera pretendido revivir para que vea la tierra prometida y comparta “el logro del objetivo” , desconociendo que el recorrido es uno de los más grandes tesoros de la humanidad. Ante la indolencia colectiva, me pregunto: ¿Cómo seguimos pidiendo que la mano invisible de Adam Smith mejore nuestras vidas, en un mundo de 13,948 millones de manos?.

 

Cuando nos vemos como personas en un mundo de personas, es cuando realmente apreciamos el valor del dinero, abandonando la teoría de que el metal nos dará mas años de vida, ¿olvidamos entonces que un billete sólo tiene un tiempo de vida aproximado de cinco años? Y que el ser humano vive en promedio 70 años, y aún el billete más grande en su denominación jamás verá nacer y morir a un ser humano; con el ciclo de vida del ser humano evolucionamos en cuanto a el valor de las cosas, o al menos eso espero de quienes mañana nos verán como mentores.

 

Mejores economistas o administradores, no es sinónimo de mejores calculadoras humanas; amparados en medir su profesionalismo en función de acumuladores de riqueza denominados accionistas; mejores profesionales en relación estrecha de la nueva sociología , que abandona verdaderamente el “antiindividualismo” y “la oposición al cambio”, esa es la tarea de la Universidad de la era moderna, no justificarnos en la modernidad que nos ha dado vías de asfalto, gracias a las cuales hemos olvidado que nuestros caminar es trascendente, cuando aun en la más digital de las sociedades seguimos pisando en polvo, donde cada paso deja una huella, a la cual nos negamos a ver con el pretexto de que lo importante es el futuro, cuando ni siquiera notamos el presente.

 

[ Modificado: Tuesday, 13 de August de 2013, 14:34 ]